Abierto hoy de 11:00 a.m. a 6 p.m.

La belleza será convulsa o no será

Esta exposición colectiva, curada por Érika Martínez Cuervo, explora la presencia de lo erótico en los procesos de creación artística, al considerar a las obras de arte como entidades vivas que nos interpelan. Para dar título a esta exposición, se apropia la reconocida expresión La belleza será convulsa o no será con la que André Bretón cierra la novela experimental Nadja (1928). La belleza que sugiere Bretón no es solo esa que emerge de la seducción entre dos individuos (él y Nadja) sino es también el llamado a la belleza que aporta algo distinto a lo ya conocido: es la pasión por lo irracional, por la imaginación, por lo
surreal, por lo incomprensible, idea que se retoma en el pensamiento curatorial de esta muestra.

Curaduría: Érika Martínez Cuervo

Location Sala B Calendar Del 10 de Mayo 2023 al 09 de Julio del 2023

Artistas: Estefanía Baena Barón, Benjamín de la Calle, Camilo Castaño, José Gallardo, Germán Alonso García, Felipe García, Astrid González, Laura Jiménez Galvis, Glenda León, Luz Lizarazo, Andrés Matías Pinilla, Agustín Nicolás Rivero, Hebert Rodríguez, María Roldán Ruiz, Johan Salazar, Jessica Santos, Daniela Serna, Andrés Felipe Solano, Sonnia Yepez.

I. Luz primigenia de la creación (dar a luz): Eros

Poseer con los ojos (antes que nada) y apetecer (con todos los otros sentidos), luego —tal vez— caer en la tentación: nerviosos y sumisos. He ahí la premisa que encarna el erotismo, esa fuerza que conmociona las entrañas. La exuberancia del deseo que humedece las carnes, que derrumba la razón. El delirio.

¿Qué ha sido de las formas del erotismo que brotan en el acto creativo del hacer artístico?

Crear —con un propósito estético— es un acto que atraviesa a los cuerpos que crean. Es anhelo insaciable. Es incertidumbre. Es pérdida. Es excitación. Es impotencia. Es padecimiento. Es deleite. Es brutalidad. Es dolor. Es atreverse a anticipar el acontecimiento de la belleza. Es la idea deforme. Es la conversación muda. Es afectar con intuición a ese organismo que es la materia (tangible o intangible). Es la resistencia ante el gesto fallido. Es fecundar una poética. Es también morir (el éxtasis).

Y aún, cuando sea un acto colectivo, los cuerpos creativos —inquietos, juntos— se debaten, se revuelcan, se tocan, se repugnan, se aman.

Acaso, ¿no es este acto hermoso y maldito, la manifestación acumulativa de una erótica?

[El deseo impuso sus propios excesos: me exigió abandonarme al trance del lenguaje: su temperatura, su peso, su ligadura erótica. C. Maso, 1996]

[Entre carcajadas de risa y abismos de angustia, superficies de ingenio y profundidades de la reflexión filosófica, se debaten Los caprichos de Goya. Hay obsesiones por todas partes. Pletóricas imágenes creadas por el artista. G.D. Huberman, 2010]

II.  La belleza será convulsa o no será*

He aquí un festín. Uno más trágico que jubiloso. He aquí una coreografía de cuerpos-materias que nos incomodan, casi nos tocan. Esta exposición sugiere una vuelta a la sensualidad del arte, a descubrir los erotismos que levanta con sus estéticas. No hay aquí, en este ejercicio curatorial, forma bella que no engendre lo terrible y que por ello no nos seduzca. Asistimos al festín deseosos sin pensar en lo que nos vamos a encontrar, y puede que esas materialidades poéticas nos atraigan o por el contrario nos causen repulsión. Incluso, es posible que nos desanimen hasta detestarlas. Pero es que justamente de eso se trata la experiencia estética, de estar ahí con el arte, de tomarnos el tiempo para permitirle que nos escarbe. Es el acontecimiento de una doble mirada: una que desnuda y nos muestra las atrocidades, las bellezas violentas (no explícitas) de este mundo. ¿Somos capaces de devorarnos las imágenes que produce el arte: su conocimiento, las ideas que en ellas tiemblan de presencia?

Cuando estamos erotizados estamos en estado de vulnerabilidad, nos hacemos “más plásticos”, por eso todas las formas del erotismo ejercen un poder tan impetuoso en nuestros cuerpos.

[Toda curaduría es una promesa y como cualquier promesa, es también un gesto intrépido que puede ser traicionado por el tiempo futuro.]

* Esta sentencia cierra la novela Nadja (1928) de André Bretón. La obra fue un experimento  escritural en el que Bretón se desbordó con las formas poéticas. Su obra es un montaje de fragmentos que entrecruza el arte, la vida, la teoría y elucubraciones sobre lo bello que también es desmesura; de hecho, el relato finaliza con un accidente (con esa imagen particular). Fue en sí mismo un ejercicio marcado por un erotismo intelectual y estético. Nadja, más que el personaje en sí, es la presencia de una forma seductora que afecta el comportamiento de los otros (¿acaso Nadja personificó al arte mismo?).
Imagen: Laura Jiménez Galvis, Das unheimliche (Inquietantes Extrañezas) (fragmento), 2014