Artista: Astrid González
El fondo del mar sigue siendo un misterio. La ciencia ha tendido a llamar oscuro a aquello cuya naturaleza aún no comprende; de ahí, términos como materia oscura o energía oscura. Paradójicamente, conocemos menos las profundidades oceánicas que ciertas regiones del espacio exterior. Así, la oscuridad no designa una ausencia, sino el límite del conocimiento occidental. Y es en ese límite donde se inicia el territorio de refugio, resistencia y autonomía del pensamiento negro.
A partir de la trata transatlántica de personas esclavizadas entre los siglos XVI y XIX, para muchxs pensadorxs negrxs el océano es, a la vez, cementerio y territorio de liberación. Su oscuridad no se relaciona solo con lo desconocido para la mirada occidental, sino que constituye una geografía opaca articulada en un lenguaje cifrado —el lenguaje cimarrón—, el del tiempo que tarda un cuerpo en transformarse en carbón dentro del agua salada.
Desde esta perspectiva, Astrid indaga, junto a otrxs, la densidad de las aguas oscuras para aproximarnos a un espacio otro, suspendido entre la imaginación y la memoria. Un inframundo poblado por espíritus del agua, cuyas formas de existencia escapan a los marcos estrechos de la razón. Allí tiene lugar una fabulación donde sirenas, serpientes y entidades del vudú haitiano abren el paso hacia otros regímenes sensoriales: escuchar los sueños, leer las corrientes, presentir la lluvia, atravesar la muerte y atender a las vibraciones de lxs ancestrxs que reposan en las profundidades marinas.
Estas aguas son escenarios de imaginación radical, donde el tiempo de residencia de los cuerpos ahogados abre conversaciones sobre flores venenosas capaces de curar el alzhéimer, el carbón como material cimarrón, las serpientes en Haití y la madre agua del Pacífico colombiano. En estas geografías profundas se forjan estrategias de codificación que resguardan epistemes afrodescendientes de la pupila colonial. Custodiado por presencias ancestrales, este tránsito sigue corrientes invisibles que desembocan más allá de la vida y la muerte, allí donde el agua engendra el agua.
Astrid González (Medellín, 1994) es artista plástica y trabaja a partir de distintas disciplinas, como video, fotografía y escultura, en las que reflexiona sobre los procesos históricos de las comunidades afrodescendientes en América. Carolina Chacón (Zipaquirá, 1985) es curadora y docente. Su trabajo aborda la curaduría como una práctica performativa y situada desde perspectivas descoloniales y activismos en contextos del sur. Con este proyecto en Sala D se retoma la iniciativa del Programa C, al destinar un espacio para la realización de la primera muestra institucional de artistas nacionales, acompañados por curadores colombianos.